Durante el primer año de la LXIV Legislatura en el Senado de la República se han presentado, discutido y aprobado reformas e iniciativas históricas para la institucionalización de derechos de todas las personas en nuestro país: desde el establecimiento de la paridad de género en todos los  niveles  de gobierno, el reconocimiento de las personas afrodescendientes en nuestra Constitución, el avance en el reconocimiento del trabajo de las personas trabajadoras del hogar, hasta el acceso a derechos de seguridad social para parejas del mismo sexo.


Los  principios y derechos que defiendo como mexicana, mujer, madre y servidora pública  como parte del grupo parlamentario del PVEM se han reflejado en todo momento durante mi primer año de trabajo legislativo. Desde el inicio, mi plan de trabajo estuvo planeado alrededor de 5 ejes: derechos humanos,  género, tecnología, medio ambiente e inclusión.


En estos primeros dos períodos de sesiones presenté 14 iniciativas, 5 exhortos y múltiples reservas a dictámenes sometidos a votación. Muchas de estas, fueron resultado de procesos colaborativos que involucraron a representantes de sociedad civil y a miembros de todos los grupos parlamentarios, cuya elaboración resultó no solo inclusiva y horizontal, sino pedagógica. Y es que como representante parlamentario lo que se aprende todos los días es que siempre tienes que estar dispuesta a escuchar y aprender para poderlo traducir a propuestas con valor social real. Solo así puedes aprehender las realidades, necesidades y deudas en materia de justicia social  que persisten en nuestro país.


Promoví, de la mano de senadoras de varios grupos parlamentarios, tres iniciativas históricas: derechos laborales para personas trabajadoras del hogar, paridad en todo y la iniciativa para prohibir los esfuerzos para corregir la orientación sexual e identidad de género de las personas LGBT+. Todas saldan deudas históricas para grupos vulnerados. Con estas iniciativas quiero mandar una señal clara: no hay mexicanas ni mexicanos de segunda categoría, no existen trabajos de primera, ni de segunda, no existen empleos para hombres y para mujeres, no existen personas de primera, ni de segunda. Todas las personas tenemos derecho a los mismos beneficios por nuestro trabajo, todas tenemos los mismos derechos de ser parte del ejercicio público de toma de decisión y todas tenemos los mismos derechos a desarrollar libremente nuestras personalidades, identidades y sexualidades.


Al cierre de los dos primeros períodos de sesiones de mi labor legislativa se confirma mi convicción de seguir trabajando por un México de derechos, un México que se desarrolle protegiendo al medio ambiente, a su flora, a su fauna y a las personas: un México que actúe de manera contundente frente a la emergencia climática.


Este progreso no hubiera sido posible sin la cercanía de activistas como Marcelina Bautista, Luis Adrián Quiroz e Iván Tagle, comunicadores como Genaro Lozano y Katia D’Artigues, funcionarias públicas como Alexandra Haas o tecnólogas como Judith Mariscal. Las senadoras no tenemos la obligación de saberlo todo, pero sí la de  escuchar a todas las voces posibles, especialmente aquellas históricamente ignoradas e invisibilizadas. La interlocución con personas trabajadoras del hogar, juventudes LGBT+,  personas que viven con VIH y mujeres, ha sido esencial y pertinente en todo momento durante la construcción y articulación de mis iniciativas. No hay ley perfecta, nunca hay suficientes horas, ni suficientes opiniones, pero las intenciones de reivindicación de estas voces es cada día más urgente.


Segura de que las iniciativas aprobadas y presentadas en este último período ayudarán a institucionalizar y garantizar la protección de todos los derechos, para todas las personas en nuestro país de forma más efectiva, continuaré promoviendo una agenda de derechos, de libertades y de igualdad.  Seguiré luchando por  una agenda que consolide el uso de la tecnología como una herramienta para mejorar nuestra sociedad; y que además, se enfrente de manera decidida a los numerosos retos económicos, éticos, políticos y sociales que su desarrollo ha traído consigo. Estoy convencida de que a través de un trabajo legislativo abierto y comprometido, podemos construir un México más justo, en el que todas las personas puedan vivir la experiencia humana con dignidad.