El desarrollo de la economía digital y las oportunidades que abre para la generación de riqueza y la innovación, así como sus potenciales riesgos para la igualdad y la protección de derechos tan importantes como la de los datos personales, ha enfrentado a los gobiernos del planeta a otra necesidad: la del diseño de modelos tributarios que respondan a esta realidad.


Parte de la complejidad del tema se deriva de que hoy, las cadenas de suministro de los negocios son rara vez sencillas, y se extienden a diversos países del globo, cada uno con sus propias reglas y modelos. Lo anterior se acentúa en el caso de los negocios digitales en los que cientos de personas podrían estar agregando valor a través de propiedad intelectual. Tal como lo menciona la OCDE, las reglas internacionales en materia de impuestos podrían no adecuarse a estas nuevas dinámicas económicas.


Lo anterior implica que para crear reglas claras, justas y efectivas tendría que haber un consenso internacional, y es que la implementación de estas reglas por Estados individuales podría resultar poco eficiente e incluso riesgosa.


Desde hace varios años, la OECD y sus países miembros han trabajado en una serie de medidas para lograr el consenso internacional. Por ejemplo, en 2014, se publicó el Plan de acción contra la erosión de la base imponible y el traslado de beneficios. Esta propuesta se construyó alrededor de tres importantes pilares: 1) la mejora de las leyes nacionales que afectan a las actividades transfronterizas; 2) el fortalecimiento de requerimientos que alineen el cobro de impuestos con la localización de la actividad económica y la creación de valor; y 3) el incremento de la transparencia tanto en las empresas como en los gobiernos.  

Frente a los efectos transformativos de la digitalización en distintos ámbitos de la economía, los gobiernos y quienes tenemos la responsabilidad de por ejemplo, aprobar y modificar las leyes de ingresos, debemos considerar los impactos que nuestras decisiones tienen sobre todos los sectores de la economía. Por ejemplo, la misma OCDE ha advertido que en general, la creación de regímenes especiales para ciertas plataformas puede afectar gravemente a quienes realizan actividades muy similares fuera de estas plataformas - uno de los casos más relevantes es el de las plataformas de transporte y el de los taxis. Por  otro lado, también es necesario que consideremos que en un contexto de creciente digitalización, la imposición de reglas poco flexibles o complicadas, pueden inhibir la innovación y con ello la creación de empleos, y crecimiento económico.


La rápida transformación de nuestras economías ha provocado que sea cada vez más urgente diseñar modelos fiscales que sean flexibles para ajustarse a estos cambios y que al mismo tiempo contribuyan a la construcción de reglas justas, una economía más humana, y un mundo menos desigual.