En los últimos días nos hemos enterado de tres preocupantes noticias:

  1. Groenlandia perdió 12.500 millones de toneladas de hielo. Los glaciares de se han derretido este verano a la mayor velocidad registrada desde 2012.

2. Los incendios forestales en Brasil, en su mayoría en la selva amazónica han batido récord en lo que va del año, con un total de 72 mil 843 incendios, lo que se traduce en 83% o más con respecto al mismo periodo de 2018.

3. Agua cada 10 días: así enfrenta la India la peor crisis hídrica de su historia. 600 millones de personas en este país asiático lidian con escasez de agua alta o extrema, de acuerdo con cifras oficiales.


El planeta tierra no es eterno y sus recursos no son infinitos. Aún con la enorme capacidad de los seres humano para modificar y adaptarse a su entorno; estamos llevando al límite la capacidad de regeneración y equilibrio de nuestra Tierra tal como la conocemos.


No debemos olvidar que una cuarta parte de la población mundial vive en regiones con estrés hídrico. La prensa internacional ha descrito que las fuentes de agua en varias ciudades de la India se están agotando dramáticamente. Ciudades como Nueva Delhi o Chennai  - como la Ciudad de México -  dependen del agua subterránea para cubrir sus necesidades hídricas. Después de décadas de excavar pozos y extraer agua para el consumo humano, ahora están sufriendo el agotamiento grave de sus mantos acuíferos.


También en días pasados nos enteramos del terrible e histórico deshielo ocurrido en Groenlandia, hoy sabemos, de acuerdo a un estudio publicado por la prestigiosa revista Nature que el derretimiento de los glaciares de todo el mundo han provocado una subida del nivel de las aguas oceánicas de 27 milímetros desde 1961; es decir, una media de 0,5 milímetros al año. El deshielo de los glaciares aporta entre un 25% y un 30% a la subida observada del nivel del mar. Lo que implica un desorden a varios ecosistemas, cambio de corrientes marinas y trastornos climáticos que podrían tener como consecuencia la desaparición de varias regiones costeras del mundo.


La última noticia de esta semana y no por ello, menos importante, es la que se viralizó en redes sociales el lunes pasado cuando la combinación de un frente frío y el humo de los incendios oscureció el cielo de la ciudad brasileña de Sao Paulo, provocando el encendido del alumbrado público desde las 15:00 horas. Esas fotografías desnudaron un secreto a voces: el amazonas llevaba varios días ardiendo sin control.


¿Qué hacemos ante estas catástrofes? ¿Cuál es el número de emergencia que debemos marcar cuando nuestra casa (el planeta Tierra) está muriendo? No es momento de buscar culpables, es momento de actuar y de darnos cuenta de que a la única persona que podemos llamar es a nuestra conciencia y a la acción colectiva para demandar acciones contundentes.


Aceptar que no estamos haciendo lo suficiente para combatir el cambio climático es doloroso pero necesario. Los incendios forestales, la falta de agua o el aumento del nivel del mar son solo algunos de los impactos, hay muchos otros que también cobran vidas como los eventos meteorológicos extremos, que son cada vez más intensos.


Ya es hora de que México emita una declaratoria de emergencia a lo largo de todo el territorio nacional, en virtud de la emergencia climática mundial a la que nos enfrentamos. Greta Thunberg no podría haber tenido más razón: nuestra casa está en llamas. La pregunta es si actoras y actores políticos, empresariales, y sociedad estamos dispuestos a hacer lo necesario para salvarla.